Si estás leyendo este artículo, lo más probable es que estés aprendiendo un idioma extranjero y busques el truco definitivo para aprenderlo más rápido. Pero seamos sinceros: no hay una fórmula que sirva para todos, y cada persona tiene su propia forma de aprender y asimilar la información. Estas tres técnicas son las que me ayudaron a mejorar en los idiomas de forma gradual, pero efectiva.
No cuentes ovejas antes de dormir: repasa vocabulario
¿Conoces el famoso remedio contra el insomnio? Dicen que contar ovejas saltando una valla antes de dormir distrae la mente y te ayuda a quedarte dormido antes.
Yo usé esta técnica, pero adaptada al aprendizaje de idiomas. Antes de dormir, miraba al techo y repasaba el vocabulario que acababa de estudiar ese día para ver cuánto recordaba.
Por ejemplo, si ese día el tema eran los animales, intentaba recordar las palabras en coreano y, si me daba cuenta de que había olvidado alguna, me anotaba repasarla al día siguiente. La primera vez que lo probé, al día siguiente noté que recordaba casi todo el vocabulario que había aprendido, si no todo.
Seguramente suena demasiado simple para ser eficaz. Sin embargo, es una forma sencilla de comprobar lo que he aprendido y si esa información realmente entró en mi cabeza y se quedó ahí.
Lo curioso es que fue un hábito que desarrollé por mi cuenta, sin saber que en realidad estaba practicando algo llamado recuerdo activo: una técnica de aprendizaje que consiste en sacar la información de la memoria en lugar de simplemente volver a leer los apuntes.
Lo hacía más a menudo al principio de mi aprendizaje. Con el tiempo, pasé a otras técnicas para listas de vocabulario más largas y gramática más difícil.
Esta noche, antes de dormir, intenta recordar cinco palabras nuevas que hayas aprendido hoy sin mirar tus apuntes.
Aprender con letras de canciones
Seguramente ya lo viste recomendado en muchos otros artículos como forma de aprender un idioma más rápido, y por algo será. ¡Culpable! Al principio de mi aprendizaje del coreano, me encantaba escuchar música en ese idioma, ya fuera rap o una balada. Si una canción me llamaba la atención, imprimía la letra y la desmenuzaba, marcando con resaltador el vocabulario o la gramática que no conocía.
Después de anotar el vocabulario nuevo en una hoja aparte, investigaba qué significaban las palabras y cómo se usaban en distintos contextos, para entenderlas lo mejor posible. En esta etapa es importante no limitarse a leer la información, sino escribir notas útiles y ejemplos que te ayuden a recordarla mejor.
Con la gramática, buscaba cada estructura y, si era sencilla, tomaba algunas notas para entender mejor el significado de la letra. Si una estructura me parecía más difícil, me anotaba dedicarle una sesión de estudio completa.
Hubo momentos en que esta técnica me abrumaba, sobre todo cuando el tema de la canción era complicado o demasiado poético para traducirlo con precisión. Algunas canciones usan frases y expresiones poco coloquiales que podrían sonar raras en una conversación cotidiana. Esa diferencia se aprende a reconocer con el tiempo.
Así que no te desanimes si todavía no entiendes la canción entera. Lo importante de esta técnica es disfrutar aprendiendo, para que la próxima vez que escuches tu canción favorita sepas de verdad de qué habla.
Unos días después de estudiar la letra, vuelve a escuchar la misma canción sin mirar tus notas. Intenta entender todo lo que puedas y fíjate cuántas palabras o expresiones reconoces. ¡Puede que te sorprenda todo lo que recuerdas!
También uso esta técnica con mis estudiantes, así que visita mi página de clases de inglés para conocer más sobre mis clases.
Solo hace falta una buena serie
¡A casi todo el mundo le gusta una buena serie o una buena película! Entonces, ¿por qué no sumarla a tus sesiones de estudio?
Cuando iba al colegio, teníamos que elegir otro idioma extranjero además del inglés. Mi primera opción fue el italiano, porque mi madre lo hablaba bien y podía contar con su ayuda. Con el tiempo, decidí tomármelo más en serio y elegí estudiarlo en nivel intermedio. Ahí empezó a costarme más, porque el vocabulario y la gramática se volvían más difíciles.
Ya no se trataba de presentarse o tener conversaciones básicas con desconocidos. Se trataba de leer párrafos más largos o escuchar fragmentos de programas y emisiones con el objetivo de entender lo que se decía.
Para mejorar en esto, decidí ver mi serie favorita, Avatar: la leyenda de Aang (una serie animada estadounidense), doblada al italiano. La había visto tantas veces que reconocía cada escena y cada historia sin siquiera mirar la tele.
Con el tiempo, noté que mi comprensión auditiva había mejorado: me estaba acostumbrando a cómo se habla el italiano y entendía cada vez más.
Si decides ver una película o serie en el idioma que estás aprendiendo, no te recomiendo empezar con algo nuevo. Seguir una historia desconocida además de aprender el idioma puede volverse abrumador y, al final, aburrido, y quizá no te den ganas de ver el siguiente capítulo o la secuela. Mejor elige algo que ya conozcas, así te concentras en absorber el vocabulario, porque ya sabes qué pasa y hacia dónde va la historia. Aquí, conocer el contexto lo es todo.
Si te cuesta demasiado entender lo que dicen, activa los subtítulos en el idioma que estás aprendiendo. Así puedes seguir los diálogos mientras escuchas cómo se pronuncian las palabras.
En tu próxima sesión de estudio, guarda los libros y los apuntes en el cajón, prepara palomitas, busca tu serie favorita doblada al idioma que estás aprendiendo y ¡a disfrutar! La idea no es estresarte por entender cada palabra, sino captar lo esencial de algo que ya conoces, solo que esta vez en otro idioma.
Reflexiones finales
Al final, aprender un idioma requiere tiempo, paciencia y constancia. No existe un atajo definitivo para hablar con fluidez, y lo que le funciona a una persona puede no funcionarle a otra.
Estas tres técnicas me ayudaron a lo largo de todo mi aprendizaje de idiomas, y espero que al menos una te sirva a ti también. ¿Mi consejo? No tengas miedo de probar distintos métodos, encuentra el que mejor te funcione y, sobre todo, ¡disfruta del proceso!
Recuerda: aprender un idioma no siempre significa estar sentado en un escritorio rodeado de libros y apuntes. A veces, las actividades más simples marcan la diferencia.